La Fortaleza de Nuestras Emociones

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Cuando la palabra fortaleza nos viene a la mente, una de las acepciones que generalmente le adjudicamos es aquella que alude al mecanismo psicológico que nos facilita la gestión de las diversas dificultades que la vida nos plantea con frecuencia. En segundo término, también solemos pensar en la que se refiere a esa especie de construcción o recinto diseñado para protegernos de amenazas exteriores y también interiores.

Si tomamos el camino que nos marca la primera acepción de la palabra fortaleza, no es difícil cerrar los ojos y pensar en la fuerza moral que necesitamos para superar los problemas cultivando un estado de ánimo positivo y receptivo que nos permite analizar -con rigor y profundidad- a nuestro entorno y a las personas que lo integran desde diferentes perspectivas y en distintos escenarios. Dicho análisis debe traducirse, de manera asertiva, en un realismo existencial fruto de la liberar y compartir nuestras emociones.

La inteligencia emocional que albergamos en nuestro interior necesita expresarse libremente fuera de los muros de una fortaleza construida con miedos, falsas percepciones, prejuicios y malos hábitos que sólo conducen a una resignación depresiva y derrotista fraguada, a partes iguales, por nuestro inconsciente y unos errores de comportamiento y actuación que sólo evitaremos si conocemos su origen, aceptamos su existencia y dejamos de negarnos el derecho a lograr un bienestar interior que es la llave de la armonía exterior que queremos aportar para, a su vez, recibirla de los demás.

Podemos conectar cuerpo y mente con un estado de equilibrio cuando queremos, de un modo sincero y decidido, afrontar nuestros problemas mirándonos en nuestro espejo interior. El cambio se produce siempre en el momento en el que le damos un “sí, quiero” a nuestra voluntad de cambio. Sólo así podremos pasar a la acción movidos por un “sí, puedo” que no admite alternativa ni prueba en contrario porque no hay éxito sin sacrificio

Si queremos tomar las riendas de nuestras vidas con garantías de triunfo no sirve de nada darle vueltas y vueltas a un problema. Hay que afrontarlo, arremangarse y ganarle la batalla a la pasividad y la desidia. ¿Cómo? Trabajando de un modo tan activo y perseverante como bien organizado que requiere eliminar de raíz todo vestigio o influencia – personal o material- que nos intoxique y negativice, alejándonos de la realización de un plan de trabajo cuya implementación nos ayuda a disfrutar con plenitud de la vida misma y no de un triste placebo.

Nuestra reacción ante la adversidad está indisolublemente ligada a la actitud que adoptamos para afrontar las dificultades. Un enfoque realista comprende no sólo un análisis exento de autoengaño y erróneas referencias externas, sino una demostración permanente de resilencia o capacidad para gestionar cualquier circunstancia difícil o adversa y salir reforzados del envite con más sabiduría y con la actitud de humildad propia de quienes están dispuestos a aprender cada día creciendo, movidos por la excelencia de un trabajo de construcción personal en el que la fortaleza de nuestras emociones merece ser llamada así por haber derribado todas las barreras, muros y confinamientos y haber edificado sobre sus ruinas un templo que espera, con las puertas abiertas, a que nuestras emociones transiten por sus jardines con la actitud propia de un grupo de niños que exhiben su indisimulada alegría vital mientras juegan y se divierten en un lugar seguro.

El equipo de Construyendo Relaciones, un programa de radio de Ona de Sants-Montjuïc en 94.6 FM www.construyendorelaciones.com   y en Facebook

Puedes escuchar nuestra emisión de radio en referencia al tema en el siguiente enlace :  21ª Emisión La Fortaleza Emocional en las Relaciones con Tomás Navarro el 17/02/16

o en nuestra web: Post – Artículo La Fortaleza Emocional 

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