NUESTRA RELACIÓN CON EL MIEDO

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 MiedoDesde tiempos inmemoriales, el miedo ha acentuado nuestro instinto de supervivencia para mantenernos alerta y sobrevivir a numerosas amenazas y peligros reales. Asímismo, también nos aporta un crisol de sensaciones y sentimientos de van desde la ansiedad al agobio, pasando por la angustia. Cada situación que vivimos nos provoca un tipo de miedo que gestionamos dependiendo del carácter y construcción emocional de cada cual. En la vida hay ocasiones en que nos atenaza, limita e incluso paraliza impidiéndonos hacer cosas que, cuando no estamos atenazados por él, podríamos realizar sin mayor dificultad. Sin embargo, hay circunstancias en las que el miedo actúa de impulso para pasar a la acción: bajo su influencia podemos llegar a actuar de manera irreflexiva e impulsiva, sin tiempo para valorar detenidamente lo que vamos a hacer o bien vencemos al temor tras haber reflexionado y llegado a la conclusión de que debemos actuar sin alentar abstracciones y pavores irracionales.

En estas líneas estamos aprovechando una ocasión muy propicia para subrayar que el miedo forma parte inseparable de nuestro equipaje emocional. Aunque nos desagraden, sus efectos pueden llegar a ser útiles y muy beneficiosos para que no actuemos bajo los dictados de paradigmas o enfoques claramente temerarios y dañinos para nuestra persona y su entorno cercano. Tan acostumbrados estamos a manejar variables en clave negativa que llegamos a perder la perspectiva y la gran oportunidad de vislumbrar la salida al final de ese túnel. Tener miedo no representa un grave problema. Sí lo es entregarse a él cuando no hay motivos reales y tangibles porque la consecuencia inmediata es quedarnos paralizados y sentirnos incapaces de enfrentarnos a una dificultad que parece sobrepasarnos. Cuando partimos de análisis repletos de errores de base que nos hacen pensar no sólo en el peor de los escenarios posibles sino en una inexistencia de soluciones, debemos buscar urgentemente un lugar tranquilo para abrazar un estado de ánimo reposado que nos ayudará a reconocer como irreal y carente del más mínimo atisbo de racionalidad cualquier tipo de miedo que nos impida crecer y avanzar.

¿Qué miedos son los más comunes? Por ejemplo, el miedo escénico fruto de la inseguridad que suele aflorar cuando nos toca hablar y relacionarnos con gente desconocida y salimos de nuestra zona de confort. O el miedo al rechazo, que enlaza directamente con una de las necesidades genéticas del ser humano: sentirse valorado, querido e incluso amado. Estas dos muestras de distintos tipos de miedo pertenecen a amplio un catálogo que puede completarse con fobias y que, en la práctica, son una invitación a reflexionar para tener una relación con el miedo propio y ajeno basada en el autoconocimiento y en un espíritu constructivo que vea siempre en cualquier temor oportunidad de resolver conflictos y problemas reales, mediante una acción basada en mirar de frente y no dejar que cualquier temor nos ciegue, paralice e impida ver las grandes ventajas y oportunidades de desarrollar nuevas percepciones positivas, dar un gran paso adelante y perderle el miedo al miedo.

El equipo de: Construyendo Relaciones, un programa de radio de Ona de Sants Montjuïc en 94.6 FM, www.construyendorelaciones.com

Puedes escuchar nuestra emisión de radio en referencia al tema  en el siguiente enlace : 18ª Emisión La Relación con los Miedos con  Rafa Rodríguez  el  20/1/16

O en nuestra web: Post – Artículo La Relación con los Miedos 

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