NUESTRO SER INTERIOR

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BiodescodificacionSintomasEl cerebro no distingue entre lo real y lo imaginario. Un trozo de limón en la boca y la idea de un trozo de limón en la boca producen la misma salivación. Un conflicto real o uno imaginario producen las mismas emociones. Si estas emociones se liberan en el exterior, el cuerpo no padece. Por otro lado, si no se expresan ni comparten las emociones bloqueadas causan enfermedades. Un conflicto de separación se reflejará en un problema de epidermis, el dilema de la insatisfacción afectará a los riñones y el no sentirse valorado minará la salud de los huesos… ¿Soluciones? Ser consciente de las propias emociones y expresarlas, compartirlas.

Christian Flèche

Nuestro ser interior es una casa en la que habita un niño eterno que nos susurra al oído palabras nos producen un variado crisol de emociones. Según la personalidad y bagaje de cada cual, seremos más o menos capaces de expresar nuestros sentimientos y, en todo caso, muy afortunados si podemos compartirlas con personas a quienes podemos considerar una réplica de nosotros mismos pero habitando otra piel.

descodificacion-biologica-satchidanandaLas sólidos cimientos de un adulto no son sino el compendio de cariño recibido junto con las herramientas transmitidas por nuestros progenitores y ancestros para expresarnos tal y como somos y así lograr un bienestar presidido por el equilibrio emocional y un más que razonable nivel de salud física. Cuando la persona está en fase de construcción, en la más tierna infancia, cada necesidad emocional insatisfecha va minando larvadamente nuestra salud logrando que somaticemos el sufrimiento, el disgusto o la contrariedad. Cada conflicto va dejando sus huellas en el alma, que paulatinamente va adoptando el papel de un caminante que vaga por un desierto, sediento de comprensión y afecto.

El niño interior vive en una casa de varias habitaciones decoradas con valores, recuerdos, paradigmas y sentimientos de lo más variado. Cuando verbalizamos y compartimos nuestras emociones el niño sale, metafóricamente, a jugar al jardín. Un jardín donde habitan demonios y ángeles y en el que estos últimos se complacen en prevalecer y dominar a los primeros cada vez que evocamos algo con una mirada emocionada o un nudo en la garganta y pronunciamos unas palabras. El mero hecho de verbalizar, es un acto curativo que nos ayuda a sanar las heridas y a ser conscientes, en todo momento y circunstancia, tanto de nuestra sensibilidad (esa flor tatuada en la piel) como de nuestra fragilidad.

Cada episodio de nuestras vidas tendrá su réplica en forma de óleo, que nuestra piel pinta con grácil trazo en el rostro. Y al ser espejo del alma, nuestro interior queda expuesto al ojo público como si de una exposición se tratase. Nuestras vidas son cuadros que son obra colectiva, pues nuestros antepasados son pintores que han contribuido decisivamente a su configuración: heredamos su técnica y también sus sentimientos.

Para que la casa interior sea un verdadero hogar, hemos de aceptar la idea de que una vida plena y bien construida nos exige conciliar pasado y presente. Cerremos los ojos y pensemos en ese niño interior que juega en un jardín imaginario. Cada vez que damos un beso o un abrazo, el niño luce en su rostro una amplia sonrisa de satisfacción, se gira y dirige con cariño su mirada a una casa: la casa que habita nuestro ser interior.

El equipo de : Construyendo Relaciones, un programa de radio de Ona de Sants Montjuïc en 94.6 FM, www.construyendorelaciones.com

Puedes escuchar nuestra emisión de radio en referencia al tema en el siguiente enlace :  14ª Emisión La Bíodescodificación en las Relaciones con Andrea Dürkop  9/12/16 

O en nuestra web: Post – Artículo La Biodescodifiación en las Relaciones

 

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