Rotary Fomenta las Relaciones en Pro de la Humanidad

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Lema-Esp-2015-2016Mientras hacemos camino al andar, numerosos cambios tiene lugar a nuestro alrededor. En unos intervenimos directamente y otros nos son otorgados por añadidura y sin consultarnos previamente. Son parte de cómo funciona este regalo maravilloso que llamamos la vida. En un momento dado -por razones de diversa índole- cambiamos de lugar de residencia, cambiamos de nacionalidad, de manera de pensar y sentir e incluso de pareja. Pero nunca podremos cambiar nuestra pertenencia a la patria de la que formamos parte por derecho de nacimiento y a la que tenemos la obligación moral de honrar ayudando a nuestros semejantes: la humanidad. La actriz británica Audrey Hepburn lo supo expresar de forma muy gráfica: “Según vas envejeciendo, descubrirás que tienes dos manos: una para ayudarte a ti mismo y otra para ayudar a los demás”.

Una de las claves para hacer que nuestras relaciones con los demás nos aporten tranquilidad de conciencia y sean, a la vez, fuente de satisfacción descansa sobre un principio básico: dar sin esperar nada a cambio. Hoy día, estamos acostumbrados a dar esperando algo a cambio, buscamos en todo momento que haya un equilibrio basado en la reciprocidad del “quid pro quo”- “me das, te doy”. Ya sea reconocimiento social o bien una recompensa material, tratamos de obtener una compensación al tiempo y al esfuerzo empleados para “rentabilizar” nuestra “inversión”. Debemos reconocer que los humanos solemos hacer lecturas cortoplacistas y bañadas en un lenguaje economicista reflejo de un materialismo egoísta disfrazado de “colaboración y ayuda desinteresada”.

Es bien cierto que todo tiene una motivación, una razón profunda que albergamos en lo más hondo de unos corazones y cuya limpieza debe ser directamente proporcional a la coherencia de hilvana nuestros principios y sus consiguientes actuaciones. Dado que absolutamente todo lo que llevamos a cabo es fruto de una razón o motivo que nos impulsa, debemos procurar entregar algo propio sin esperar una contraprestación y cortando de raíz expectativas que pueden generar momentos tanto de alegría como de frustración. Quien da generosamente será gratificado, a largo plazo, recibiendo mucho más de lo que entrega (sobre todo si se concentra sus esfuerzos más justos y perfectos en ayudar a los más desfavorecidos, sean humanos o no) en forma de justa recompensa. Quien hace el bien, forma parte del círculo virtuoso de personas que merecen llamarse así y, en su momento, recogerá los frutos de lo que ha sembrado. Esta ley es inmutable y nos alcanza a todos, más tarde o más temprano.

unnamedLa entrega a los demás puede hacerse a título individual o a través de nuestra participación en organizaciones cuyos principios consagran su acción a la ayuda a quienes más lo necesitan. Existen entidades que gozan un merecido prestigio por el alto nivel ético de su entrega en pro de la humanidad sin esperar nada a cambio. En nuestro programa número 29 hablamos de Rotary International, cuya actividad en el terreno de la filantropía se caracteriza, desde su fundación en 1905, por invertir (a fondo perdido) en la formación en VALORES a través de becas de estudio y en mantener una lucha sin tregua ni descanso contra el hambre, las enfermedades y la pobreza material y espiritual. De ahí el reconocimiento de su labor a escala mundial. Cabe añadir que su entrega altruista parte de una idea clara: hacer el bien porque es lo que se debe hacer sin esperar nada a cambio, salvo la íntima satisfacción de hacer algo más que correcto y contribuir a elevar el nivel de decencia moral presente en el aire que respiramos.

Esa misma manera de entender la entrega sin esperar obtener una “compensación” la debemos trasladar a nuestra esfera más íntima. Dar, es algo que forma parte de nuestra manera de ser y, en ocasiones, estamos rodeados de personas que nos impiden dar. Esto es, que nos impiden ser nosotros mismos poniendo trabas a nuestra realización personal y a nuestro bienestar. Quienes nos frenan constantemente no merecen ser receptores de nuestra atención ni de nuestros más denodados esfuerzos provenientes de un sentimiento noble y desinteresado de afecto, amistad o amor. Una relación así presenta unos evidentes síntomas de toxicidad, de desequilibrio, de falta de reciprocidad y de respeto. Se impone romper esos vínculos malsanos en pro de una humanidad de la que formamos parte inevitable. Primero, nos debemos ayudar a nosotros mismos y después a los demás. Sólo de esta manera podremos estar en óptimas condiciones de contribuir a una cadena de sentimientos elevados que se expresen con plena libertad. Nuestra capacidad de dar sin trabas, sin esperar nada a cambio, debe ser puesta en práctica en nuestros círculos de confianza y circular tan libre como el agua de un río. Sólo así lograremos estar preparados para dar a los demás y así contribuir a construir, a todos los niveles, unas relaciones sanas y sólidas en pro de la humanidad. Y decir humanidad es decir los demás, que somos nosotros mismos.

El equipo de: Construyendo Relaciones, un programa de radio que se emite en Ràdio Kanal Barcelona en 106.9 FM y online en : www.construyendorelaciones.com

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