Si (es) fuera TAN FÁCIL …

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Kuki Portabella

Si fuera tan fácil hallarte entre tanta(o)s. Si mi cabeza fuera lo suficientemente ¿adulta? para no caer en espejismos y falsas ilusiones. Si no tuviera, tantas veces, ese ansía dislocada de ser amada(o)… y amarte.

Entonces, todo sería más fácil.

Pero, lo sabes, que te voy a contar. Tú también eres humana(o) como yo y somos tan imperfectos que cuántas veces nos enamoramos y después caemos. Como una cometa que, al iniciar el vuelo pinta de alegres colores el cielo y luego no se mantiene, no hay viento que la acune y se desploma con mayor o menor estruendo. A veces destrozándose el armazón entero. Tal vez es que antes de alzarse debió revisar los materiales y el ensamblaje pero tenía demasiada prisa por volar.

Si todo fuera tan fácil

Si todo fuera tan fácil

Toda(o)s somos un poco cometa aunque algunos, menos osados, opten más por caminar en tierra firme. Todo son gustos. Pero, sea como sea, iniciar el camino de compartir la vida en pareja requiere de un duro precalentamiento. La ruta será sinuosa y llena de baches. Sería ilusa(o) quien no lo tomara así. Es por eso que hay que venir bien preparado: con el rico sabor de la soledad vivida que no es tragedia y nos ha enseñado tanto, aun y los momentos de desespero cotidiano, con mucha paciencia, las gafas de cerca para captar los defectos más pequeños, las orejas bien dispuestas a escuchar, las manos tímidas para acariciar y los labios de adolescente. Ahhh… y el alma bien alerta para sentir.

Dicen y es bien cierto que escogemos inconscientes, según patrones que nos son familiares y repetidos. Quienes estudian el comportamiento humano lo exponen así y sus razones tendrán, pero hay algo que aun y tener muy claro eso de «qué queremos» en nuestra pareja «ideal» se nos escapa de las escalas y las reglas. Son la entrometidas tripas que nos hablan y alertan. Son tan poderosas que, de vez en cuando, se confabulan y nos aletargan la cabeza.

En el diseño de nosotros mismos cabe también el punto de locura. !Pobre aquel que vive sin él!… Y entonces se nos complica un poco más el tema: estoy preparada(o), vengo con mochila y provisiones, llevo calzado cómodo y me vengo viajando desde dentro desde hace suficiente tiempo. Se lo que quiero o, mejor dicho, lo que no quiero, lo que no cabe en mi nuevo mundo de dos. Y allá voy.

Y sí. Parece una persona más que agradable. Casual, es amiga(o) de amigos, comparte mi gusto por la lectura, en deporte andamos un poco distantes pero cómo nos reímos y hacemos de un simple paseo un instante maravilloso. Sí, es ella. Sí es él.

Se repiten cada vez con más frecuencia las rutas de cuatro botas en lugar de dos, de dos bocas con sonrisa, de manos, pies, piernas y brazos jugueteando en el aire. Parece que sí estamos en sintonía. ¿Y cómo paso?. Nos vamos olvidando de eso.

Las tareas cotidianas, los cansancios, las prisas, los críos, los compromisos de última hora nos van desdibujando el camino. Las ausencias y las pocas ganas y los gustos que compartíamos se nos van truncando. Encrucijada de caminos. A la derecha el tu y yo desdibujando el «nosotros», a la izquierda mis motivos, mis ideas, mis nuevas historias que no me detengo a contarte. En paralelo y sin tocarnos casi. Solo de vez en cuando.

Y no te das cuenta que grito en silencio que me escuches. También, yo cerrada(o) en mi nuevo mundo te excluyo y me da pereza. Hasta que un día llego a casa, cansada(o) y no estás. Suena en la radio aquella canción que bailamos como dos críos enamorados, en la playa, sin importar la hora ni la gente ni el planeta ni la galaxia entera… Éramos nosotros el sistema solar al completo. Quiero sonreír y lloro. Llegas y me miras extrañado. Debes pensar que ha sido un arduo día de trabajo o que tengo uno de mis días «raros»…

Te persigo. Te insisto. Me insisto a mi misma(o). Te paro y me paro. Cojo tu muñeca y casi te arranco el reloj porque el tiempo no nos merece la pena. Nosotros marcaremos cuando ha de cerrarse el cielo y amanecer el día. Hoy no puede ser de otra manera.

Te susurro aunque estás tensa(o). Y te abrazo. Y me abrazo yo también al hacerlo. Y los latidos se nos desaceleran como si fuera magia. Las palabras casi olvidadas se nos tropiezan en la garganta para salir. Sabemos que estamos lejos y nos merecemos detener el paso y descubrir si nos seguimos queriendo, si esto es un escollo salvable o si el amor se nos diluyó entre los defectos que no hablamos y despistamos en otras cosas. Es ahora. Ni lo pasado ni lo venidero. Nosotros. Frente a frente. Sintiéndonos la respiración que nos ha estado bloqueando el pecho.

¿Fluimos? ¿Somos cometas planeando el cielo? ¿Nos cuesta alzar el vuelo? ¿Podemos aun pensar que envejeceremos en el viejo sofá Chester que tanto te gusta y te empeñaste en comprar en aquella feria de Frankfurt?…

O… Se nos quebró el proyecto, se nos truncó la línea que marcamos un día con la pequeña regla de la escuela. Con la tuya de aluminio que la mía, de plástico, siempre se rompía…

Un amigo nos dijo que siempre estamos a tiempo para hacer… Hagamos o no hagamos.

Ya no es tan difícil decidir. Es mucho más sencillo que cuando te pensé y planeé en mi mente, cuando me preparé para gustarte. Ahora, que nuestros ojos se conocen hasta en la última chiribita, solo es cuestión de mirarnos, cerrarlos, respirar y dormirnos.

El alba tendrá la respuesta. Y espero que, de nuevo, nos digamos eso de «Hoy te volví a escoger»

Colaboración de  Kuki Portabella, para Construyendo Relaciones – Programa de Radio, www.construyendorelaciones.com  – Barcelona 25 de septiembre 2015

 

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